Sucedió. Patria Libre y MRTA    Antonio Zapata

La pregunta es ¿un grupo que realizó actos terroristas tiene derecho a incorporarse a la democracia? Por supuesto que sí. La democracia consiste en incluir a todos aquellos que la aceptan. No importa cuántos votos obtengas, mientras te mantengas dentro de la legalidad, la democracia es el derecho a pensar como gustes. La clave se halla en el compromiso de mantenerse dentro del sistema representativo. Este régimen tampoco puede ser ingenuo.


No puede darle libertad a quien busca derribarlo. Ni los fascistas ni los terroristas pueden organizar grupos políticos en democracia. Están prohibidos porque atentan contra el sistema. Así que, en el terreno de los principios el asunto es simple: dentro de la democracia todo está permitido, fuera de ella nada. Respecto de este tema, en el penúltimo número de Caretas se hallan importantes declaraciones de Víctor Polay.
El líder emerretista reitera su arrepentimiento y vuelve a pedir perdón por el dolor generado por su organización. Luego, reconoce que el camino armado quedó atrás y adhiere rotundamente al sistema democrático. Con similar razonamiento en las páginas de Domingo de La República, dos líderes que estuvieron largos años en prisión anuncian la conformación de Patria Libre y su propósito de inscribirse como partido ante el JNE. El discurso es el mismo. Anuncian que han dejado atrás la vía armada y apuestan por la democracia. Solo queda aceptarlo. La defensa de su derecho no significa necesariamente simpatizar con su planteamiento. Se puede estar completamente en contra de sus ideas y, a la vez, defender su derecho a expresarlas.

Cabe preguntarse si existen antecedentes de un cambio semejante en la historia peruana. La respuesta también es afirmativa y constituye un capítulo de la historia del APRA. En efecto, durante las sangrientas décadas de 1930 y 1940 el PAP estuvo envuelto en diversos hechos de sangre. Entre ellos, destacan dos atentados en los cuales los acusados reconocieron su militancia y, como corresponde, asumieron la culpa individual salvando al partido. Se trata del atentado de Miraflores contra el presidente Luis M. Sánchez Cerro y del asesinato de los esposos Miró Quesada en la acera del Club Nacional. En ambas ocasiones, en el juicio que siguió a los hechos no quedó duda del compromiso de un partido que trató de abrirse paso a balazos. Eran sus años mozos.

La gran diferencia es que el APRA nunca fue un grupo terrorista. En vez de ello, el PAP se constituyó como un partido de masas, dotado de una militancia bien organizada. Su ideología renovadora y un liderazgo integrado por personalidades de gran nivel le dieron jerarquía. En las circunstancias especiales de los treinta y cuarenta, combinaron la vía democrática con la insurreccional y cometieron algunos atentados individuales. Pero, después cambiaron. Luego de la "convivencia" con Prado en 1956, nunca más el APRA atentó contra la democracia. En el caso del MRTA, éste no fue partido político, sino guerrilla que derivó en terrorismo. Pero, también tiene derecho al cambio. Si el PAP dejó atrás la vía insurreccional, ¿por qué no habría de hacerlo el MRTA?

Además, existe un parentesco del MRTA con el APRA. Al fin y al cabo, el MRTA viene del MIR, que nació como APRA Rebelde. A finales de los cincuenta, una parte de la juventud aprista rechazó la "convivencia" con Prado y se orientó hacia Cuba revolucionaria, que vivía sus años fundacionales. Convertidos en MIR fueron a la guerrilla y a la derrota en 1965. De ese grupo viene el MRTA, reforzado en los setenta por nuevas adhesiones, entre las que destacó el mismo Polay, que venía de una militancia juvenil en el APRA. Como sabemos, su padre fue fundador del PAP. Así, siendo cierto que el MRTA pertenece al universo del marxismo peruano, proviene de una rama del APRA, precisamente del ala insurreccional, que integró el partido por más de dos décadas y fue separada recién terminando los 1950.
El APRA en el poder no debería abusar de uno de sus vástagos. Debe olvidar la fuga del túnel al final del primer mandato de García. Ya pasó, estamos en otra etapa. Gobernar sin rencores es propio de líderes prudentes.



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