Movediza piedra en el zapato nipón
Mirko Lauer.
¿El caso Fujimori está afectando las relaciones del Japón con Perú, y en cierta medida Chile? Por supuesto que sí. Un ejemplo: por fantasiosa que pueda parecer, la idea de que existe una solicitud nipona a la presidenta Michelle Bachelet para que posponga su viaje a Tokio post-setiembre no suena tan jalada de los cabellos.
Que no suene extraña esta versión de El Mercurio ya es bastante. Sumémosle ahora la noticia de la postergación, tres veces, del viaje de Alan García a Tokio por cambios en la agenda japonesa, y tenemos la imagen de una Cancillería nipona nerviosa. Aunque en verdad frente al tema de Alberto Fujimori siempre estuvo nerviosa.
En uno de los posibles desenlaces de este mes, aquel en el cual Fujimori en efecto sale elegido senador el próximo domingo 29, la cosa se complica. Los abogados no han sabido explicar unívocamente si generaría derecho antiextradición, pero es evidente que no sería inocuo que el preso tenga defensores en la dieta japonesa.
En el caso del Perú los temas de la doble nacionalidad, la protección de la ultraderecha japonesa que mantiene lazos con el partido de gobierno, y luego las largas dadas por Japón a nuestros pedidos de extradición han ido afectando las relaciones entre los dos países. Hoy son cuidadosas al extremo de no parecer tan buenas.
El peso del Japón en las economías de Chile y Perú es considerado un subtexto de esta historia, pero no hay pruebas concretas sobre esto. Es cierto que Tokio es un donante importante, pero su stock de inversiones no es nada espectacular, y ellas han comenzado hace bastante poco tiempo. Nos venden más de lo que nos compran.
Si de geopolítica se trata, es evidente que China viene avanzando a gran velocidad en la zona con su estrategia de poder blando y mutuas ganancias comerciales, mientras que Japón permanece congelado en una actitud de gran potencia displicente. China ha desplazado a Japón en el segundo puesto del comercio internacional chileno.
Si queremos pensar en términos de la competencia asiática trasladada a la costa del pacífico sur, Japón va por mal camino. Al no tener un Fujimori de por medio (Con todos los lazos de Víctor Joy Way con el poder chino, Beijing no movió un dedo), las cosas han ido fluidas, a pesar del mal trato a los trabajadores peruanos por parte de Shougang.
China tiene una perspectiva sobre atrocidades y extrema derecha japonesas bastante parecida a la del sentimiento mayoritario de Chile y Perú. De otra parte, quizás todavía un día descubramos en la tensión político-diplomática la clave del súbito viaje de Fujimori a Santiago. Otra parte de la historia la contará Fujimori desde una cárcel peruana.
Volver Ir arriba